Si estás pensando en disfrutar de un asado de cochinillo en Garganta la Olla, quizá te interese conocer el recorrido que esta cría del cerdo, uno de los principales animales domesticados para la ganadería, ha tenido a través de la historia.

El asado de cochinillo en Garganta la Olla llegó a la península con la invasión del Imperio romano a la entonces Hispania en el siglo II a. C. En ese momento, existía ya la diferenciación entre lechones, cochinillos y cerdos. Los dos primeros solían considerarse como manjares y estaban al alcance de muy pocos, pues se prefería dejarlos crecer para sacar más partido al animal.

En cuanto a los cerdos, eran los más consumidos en los banquetes romanos por su mayor tamaño, celebraciones en las que aparecieron los primeros asados. Durante estos banquetes, el cochinillo solía cocinarse en hornos, con agua y sal como únicos ingredientes.

A pesar de que estos animales nunca se usaron en rituales, a diferencia de vacas o corderos, sí que fueron muy utilizados durante esta época en el arte, como modelos para tapices y pinturas. Los cochinillos, así como los cerdos, también fueron fuente de inspiración para escultores durante la Edad Media.

Durante la década de 1940 el cochinillo retomó su importancia en España, comenzando a asarse de nuevo en hornos de pan, los únicos disponibles. En estos años se descubrió la conexión del cochinillo con el número tres, pues tres son las semanas que pasan antes de considerarse cochinillo, los meses que dura su gestación y el tiempo aproximado de asado.

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